Proviene del término latino compassio (o compassionis)
El concepto de compasión en la espiritualidad de los Sagrados Corazones no se limita a un sentimiento de lástima, sino que se define como una profunda sintonía de amor que impulsa a la acción.
Si la dejamos actuar, la compasión nos lleva por un camino de transformación en cuatro niveles:
Del «Yo» al «Nosotros» (Descentramiento)
De la emoción a la Acción (Solidaridad)
A la Humanización (Vulnerabilidad)
A la Paz Social (Justicia)
Me detengo cuando percibo que alguien está sufriendo o triste, interrumpiendo mis intereses para preguntar y quedarme a escuchar que le pasa.
Guardo silencio voluntario, frenando mis ganas de dar consejos, contar mi propia historia o «arreglar» el problema de inmediato para escuchar.
Tomo la iniciativa de realizar una tarea pequeña que alivie la carga del otro sin esperar a que me lo pidan y sin anunciar que lo hice.
Defiendo activamente a quien está siendo excluido o criticado (acusado) en mi presencia y que no puede defenderse.
Bajo mi tono de voz y suavizo mis gestos cuando otros pelean tratando de transmitir calma.
Pido perdón y converso si he fastidiado u ofendido a alguien, mostrando arrepentimiento y comprometiéndome a no repetirlo.
Tengo gestos de ternura y cariño con mis compañeros.
Soy paciente con mis propios errores y los de las otras personas.
Practico la escucha empática, manteniendo el silencio mientras el otro se desahoga y evitando imponer soluciones antes de comprender la totalidad de la situación.
El respeto debe nacer de un sentimiento de reciprocidad, ya que para ser respetado es necesario saber o aprender a respetar a los demás. El respeto también es ser tolerante con las ideas, pensamientos, opiniones y maneras de ser diferentes a la propia, para garantizar una sana convivencia.
La palabra reparación tiene una raíz latina cargada de sentido práctico y reconstructivo. Su etimología nos revela que no es un concepto abstracto. Proviene del término latino reparatio (o reparationis), que se deriva del verbo reparare.
Re-: Es un prefijo que indica «repetición», «vuelta atrás»
Parare: Significa «preparar», «disponer», «poner en orden»
La reparación es mirar el mundo con los ojos de Jesús y no pasar de largo ante el dolor. Es darse cuenta de que hay personas heridas, injusticias, soledad y sufrimiento, y decidir responder con amor, no «pagarle algo a Dios» por lo malo que pasa, ni sentirse culpable todo el tiempo, sino amar activamente para sanar lo que está roto, devolver dignidad, crear fraternidad y abrir caminos de esperanza.
Llamo a las personas por su nombre, especialmente a aquellas invisibles devolviéndoles el reconocimiento que otros les quitan.
Escucho la respuesta completa del otro, dándole el valor que corresponde. Mi atención es la herramienta con la que reparo su sentimiento de indiferencia.
Si alguien me trata con dureza, elijo no reaccionar con la misma moneda. Mi mansedumbre es el «material» que detiene la cadena de amargura y repara el ambiente.
Ofrezco mi tiempo sin que me lo pidan. Si veo a alguien desbordado por el trabajo o la tristeza, me ofrezco a estar presente.
Cuido el orden y la belleza de lo común. Recojo algo que está fuera de lugar, limpio un espacio compartido y cuido la naturaleza.
Ante los conflictos, si noto una tensión entre dos personas, no tomo partido; busco palabras que tiendan puentes, tratando de que la relación vuelva a su estado original de armonía.
Es el lazo de unión entre los hombres, basado en el respeto a la dignidad de la persona, en la igualdad de derechos de todos los seres humanos y en la solidaridad unos con los otros. Nos lleva a ser solidarios, respetuosos y empáticos.
La actitud justa y equitativa funda paz, seguridad, amparo y concordia en la vida privada y social. Se relaciona con los valores de la honradez, rectitud y probidad. Constituye una virtud que todos debemos poner en práctica; su importancia radica en que forma parte de los valores morales, sociales y democráticos.